Windows 11 trae varias funciones pensadas para gaming, pero también viene con opciones activadas por defecto que consumen recursos sin aportarte nada. Estos son los ajustes que realmente mueven la aguja en FPS, latencia y estabilidad, sin instalar “tweakers” sospechosos.
1. Activá Hardware-Accelerated GPU Scheduling (HAGS)
Permite que la GPU gestione tareas de planificación directamente, liberando al CPU.
Configuración → Sistema → Pantalla → Gráficos → Cambiar configuración de gráficos predeterminada → Programación de GPU acelerada por hardware: Activada
Reiniciá después de activarlo. En GPUs modernas (RTX 20 series en adelante, RX 5000 en adelante), da mejora real en juegos con CPU como cuello de botella.
2. Modo juego
Aunque las pruebas muestran mejoras pequeñas, mantiene procesos en segundo plano bajo control y evita notificaciones intrusivas.
Configuración → Juegos → Modo juego: Activado
3. Plan de energía en “Máximo rendimiento”
Por defecto, Windows 11 viene en “Equilibrado”, que deja al CPU variar de frecuencia. Para gaming conviene rendimiento alto.
Panel de control → Opciones de energía → Mostrar planes adicionales → Alto rendimiento
Si no te aparece la opción, activala por PowerShell como administrador:
powercfg -duplicatescheme e9a42b02-d5df-448d-aa00-03f14749eb61
4. Desactivá efectos visuales innecesarios
Las animaciones consumen GPU y CPU sin ningún beneficio en juegos a pantalla completa.
Configuración → Accesibilidad → Efectos visuales → Efectos de transparencia: Desactivado
5. Optimizar aplicaciones en segundo plano
Por defecto, muchas apps corren en background aunque no las uses.
Configuración → Aplicaciones → Aplicaciones instaladas → Opciones avanzadas (en cada app) → Permisos de aplicaciones en segundo plano: Nunca
Cuidado con apps que sí querés que corran en background (Discord, launcher de Steam, etc.).
6. Desactivar Xbox Game Bar si no la usás
Ocupa RAM constantemente. Si no grabás ni usás su overlay:
Configuración → Juegos → Xbox Game Bar: Desactivado
7. Modo juego exclusivo pantalla completa (“Optimizaciones para juegos de pantalla completa”)
Polémico: en algunos juegos ayuda, en otros mete stuttering. La recomendación actual es probar ambos:
Click derecho sobre el ejecutable del juego → Propiedades → Compatibilidad → “Deshabilitar optimizaciones de pantalla completa” → probar con y sin.
8. Drivers actualizados (pero no siempre los últimos)
Instalá drivers de GPU desde la web oficial de NVIDIA/AMD. No uses Windows Update para drivers gráficos.
Regla: si tu juego favorito funciona bien con un driver, no actualices hasta que salga un juego nuevo que lo pida o un parche que corrija un bug que te afecte.
9. Almacenamiento: activá el modo “alto rendimiento” del NVMe
Verificá que el SSD donde tenés los juegos esté conectado en un slot M.2 PCIe Gen4 (si tu placa lo soporta). Revisalo con CrystalDiskInfo — debería reportar “PCIe 4.0 x4”.
10. Qué NO hacer
- No desactives servicios de Windows al azar. Las listas de “100 servicios para desactivar” que circulan por internet rompen actualizaciones, conexión y seguridad.
- No uses “game boosters” descargados de sitios raros. En el mejor caso no hacen nada, en el peor son malware.
- No uses overclock automático vía software sin saber qué hace. Dejá que BIOS maneje boost automático — es más seguro que MSI Afterburner aplicando perfiles extremos.
Conclusión
Las optimizaciones que funcionan son pocas y aburridas: HAGS, plan de energía, drivers limpios, menos bloatware en background. Todo lo demás es ruido. Probá los ajustes de a uno, medí FPS y latencia con las herramientas de NVIDIA/AMD o con PresentMon, y quedate solo con los que mejoren tu caso.
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